Por Patricio Arancibia
Cataclismo al más puro estilo maya con un vaticinio del fin del mundo para este 2012, resultó ser la propuesta de acuerdo entablada por Renovación Nacional y la Democracia Cristiana, partidos con amplia trayectoria y con un pasado ligado a diversos acontecimientos nacionales, que en algún momento fueron indiscutidos representantes y líderes en sus coaliciones por tener un caudal de votos importantes, además de tener en sus tiendas miembros que han tenido, y tienen la primera magistratura del país: la presidencia.
Profetizado el fin del mundo por los mayas, y algunos autores que señalan que tal situación no es un fin sino más bien un cambio de la estructura actual, y pareciera que lo que sucederá en nuestro régimen político y presidencial, llevará a un sistema semi presidencialista con tintes parlamentaristas que supondrán el fin de una era de Presidencialismos reforzados. Sin embargo el régimen de gobierno en Chile ha sido un tema recurrente durante toda nuestra historia como nación, que ha tenido momentos álgidos como quiebres constitucionales, y que en especial en el siglo XX y después con la vuelta de la democracia, ha sido cuestionado en relación a cual es la institucionalidad que nos debe regir y gobernar, tema que se enmarca cada cierto tiempo de forma cíclica por estallidos sociales e indignación de la ciudadanía.
Pero, ¿qué sistema es mejor? Difícil pregunta, y que Chile con su historia puede resolver. Hemos experimentado de todo, siendo el gran fracaso del sistema los políticos – y no los partidos – que han liderado coaliciones o tiendas políticas; un tanto antropófagos y mezquinos en las cuotas de poder, y tradicionalmente balanceados en dos sectores de Derecha e Izquierda, impidiendo que el centro represente una alternativa. En ese contexto, el sector que dirime las contiendas, especialmente las presidenciales y que permite los grande acuerdos nacionales, es el rol que partidos como RN y la DC saben jugar. Gran ejemplo de aquello fue la vuelta a la democracia, que en definitiva desequilibra este sistema de contrapesos políticos, que finalmente deja contentos a todos los políticos y amarra a la ciudadanía a un empate.
El acuerdo RN- DC viene a oxigenar la democracia, es el punta pie inicial que pretende terminar distintas situaciones que se vienen dando en el país. Entre ellas, la polarización de dos bandos, en donde pareciera ser que no se puede avanzar en temas país, puesto que la gran mayoría de nuestros compatriotas no tienen mayor afinidad política y optan por el pragmatismo, vale decir, la ideología de hacer las cosas, solucionar mis problemas, tus problemas y los de todos; tener una economía estable que me permita emprender, que sea social; retribuir a quienes no han tenido las oportunidades; alcanzar riqueza, pero que no sea a costa de las malas prácticas o al sometimiento de los consumidores. En definitiva que entregue una democracia representativa, en donde nuestros líderes políticos, ejecutivo y legislativo, piensen por el bien nacional y no por los intereses de sus partidos o por lo que ellos consideran que es prioridad. Se quiere un Estado garante que permita la seguridad y la paz social, en donde la delincuencia no sea un obstáculo; se necesita un resguardo a la libre expresión, que la manifestación esté garantizada pero que no signifique un atropello para quienes no quieren estar en toma, o quieren seguir en sus actividades cotidianas; se requieren autoridades líderes, que entiendan y vislumbren la necesidades del país y que no se les imponga a la fuerza las necesidades por reclamaciones populares. Todo eso y más no puede ser signo de un régimen político que busque imponer ideas y que el empate político signifique no avanzar.
El agotamiento del sistema binominal es palpable, se siente la amargura en la boca: el ir a votar y pensar que en las parlamentarias que vienen, y las que siguen, saldrá un diputado o senador de una coalición política de Derecha y otro de Izquierda, eliminando al centro político, a los independientes y a las minorías que si no se someten al sistema no serán electos. Dar término al binominal y al presidencialismo exacerbado es uno de los muchos puntos abordados por el acuerdo RN-DC, al igual que la elección de los consejeros regionales, mayores atribuciones a los CORES y a los concejales; la implementación de primarias vinculantes y simultáneas – que permitirán que nadie quede fuera del proceso de ser candidato a un cargo de elección popular – y la búsqueda de un nuevo marco jurídico para los partidos políticos, buscando una democratización total de ellos (muchos de los cuales tienen la palabra democracia dentro de sus nombres, pero no la practican).
En definitiva, sólo buenos augurios trae la iniciativa RN-DC, esperando que los políticos atiendan al llamado y que no jueguen con la calculadora. Si existen problemas en formalidades políticas por tener estos partidos la iniciativa de proponer, que se subsanen dentro de sus coaliciones políticas, para responder al llamado de la ciudadanía de forma adecuada y oportuna, con las reformas políticas que se necesitan y las demás necesidades que demanda el país: trabajo, lucha contra la delincuencia, protección social, etc. ¡Enhorabuena quien tome la iniciativa! Bienvenida es la declaración del ministro Hinzpeter señalando que antes de las elecciones se tendrá cambiado el sistema electoral binominal. Hay confianza en el gobierno que logró y pudo concretar la inscripción automática y voto voluntario para las elecciones municipales, aun teniendo toda una movilización por las demandas educacionales, y hay confianza que el gobierno del Presidente Piñera tiene interés de realizar los cambios, porque sin duda será un gobierno que en muchos aspectos reformará Chile y sorprenderá a varios.
Por Marco Enríquez-Ominami.
Al perecer, las aventuras extra matrimoniales de Carlos Larraín e Ignacio Walker, que llevaban más de tres meses, está dejando a damnificados del duopolio político.
Respecto de las reformas políticas de RN y la DC, vuelve a plantearse en la opinión pública las sospechas metódicas cartesianas: ¿Será capaz la clase política del duopolio de autor reformarse y perder poder? ¿Podría pensarse que los conservadores de derecha y de izquierda estuvieran dispuestos a cambios tan radicales para perfeccionar nuestra democracia? Confío en que esta alentadora propuesta no sea un volador de luces y ojalá no sea un cambio tipo “gato pardo”.
El régimen semipresidencial, el sistema proporcional y el federalismo atenuado constituyen el eje de nuestro programa político, que ya en mi campaña presidencial eran considerados como una utopía por parte de los líderes conservadores. Si la fuerza de las ideas, hoy hegemónicas, ha logrado convencer a los miembros del duopolio de que el cambio es posible, no puedo sino regocijarme.
Yo profeso el optimismo trágico: estoy convencido de que resta mucho por hacer para romper la “jaula de hierro” weberiana, que exige quórums casi inalcanzables para este tipo de reformas. Esta tarea exige una dosis importante de voluntarismo, que supere el inmovilismo del pragmatismo ramplón. Propuesta y acción constituyen la tarea prioritaria de los Progresistas en esta coyuntura.
Terminar con la monarquía presidencial, que tanto daño ha hecho a la democracia chilena, reemplazándola por la democracia dual con correctivo presidencial – semi presidencialismo – con un jefe de Estado y un Jefe de Gobierno, es la garantía de un equilibrio de poder.
El sistema binominal catatónico no garantiza ninguna gobernabilidad y sólo reproduce la colusión política. Un sistema proporcional y una división correcta de los Distritos – según el número de habitantes y continuidad geográfica – debiera garantizar la equidad entre los sufragios obtenidos y los sillones parlamentarios. La elección de Intendentes y Consejeros regionales es fundamental para terminar con el centralismo; este el primer paso para un federalismo atenuado.
Aún faltan muchas tareas a realizar, como la revocación de mandatos, la limitación a una sola reelección de todos los cargos que emanen de la soberanía popular, sistema unicameral, plebiscitos vinculantes y voluntarios a nivel nacional, regional y comunal, primarias abiertas, obligatorias y vinculantes, controladas por el SERVEL. ¡El camino es largo, comencemos ya!
Es un gran mérito de los movimientos sociales, especialmente el estudiantil, el haber develado la profunda crisis de representación, legitimidad y gobernabilidad a la cual nos condujo una casta política, cuyo objetivo central consistía en reparto el botín del Estado y inmovilidad política, los cargos parlamentarios vitalicios, senadores y diputados nominados a dedo, combinaciones políticas que obtienen verdaderos récords de rechazo ciudadano. No cejaremos hasta lograr el cambio radical de nuestro sistema político, tarea central que me convoca, por la cual siento un profundo compromiso.
Por Marco Enríquez-Ominami
En este tipo de torta se supone una arquitectura a prueba de terremotos: cada lámina de masa: cada capa de masa se adhiere a la siguiente por el manjar que las une, y así sucesivamente. Si la historia y la vida funcionaran de esta manera, el cambio no existiría o no podríamos concebir que todos los sólidos se disuelvan. El sueño de todo conservador, sea de izquierda o de derecha, estalinista o fascista, es que la historia sea estática, que la realidad, estúpidamente, corresponda a sus esquemas mentales y políticos: una torta de milhojas violada por el hambre de un niño. Al fin y al cabo, el clivaje central, en toda la historia de la humanidad, se mueve entre la inercia y el cambio, entre conservadores e innovadores.
Como ocurre con la torta de milhojas, la mayoría de los políticos de statu quo prefieren que ésta sea impoluta – no se produzcan terremotos que destruyen sus perfectas estructuras o no sean comidas por el hambre canina de los niños. En el fondo, lo que ellos quieren es que las instituciones sean eternas, inmóviles cual pirámides, a través de la historia. Esta tendencia a lo estático es inevitable en aquellos que están contentos con la vida y el sistema.
Si profundizamos en nuestra historia, jamás este tipo de políticos pudo entender, por ejemplo, en 1924, la podredumbre del sistema de partidos plutocráticos, propios del régimen de asamblea, 1891-1925. En el fondo, siempre e inevitablemente, el político de statu quo no entiende los cambios que ocurren a su alrededor. Pedirle que defina cuál es el clivaje central sería una crueldad, pues su estructura mental y sistema de intereses y cálculo le impiden comprender cuál es el conflicto profundo que traspasa la sociedad.
Pienso que en Chile estamos viviendo el período previo a un gran cambio histórico y, como siempre podemos confundirnos, entre los pisos de la torta de milhojas y la verdadera ruptura. Existe un gran abismo entre la tozudez de los políticos del duopolio, que todo lo entienden como el reparto de cargos, los juegos de poder y una gran masa de personas que están hastiadas de ser violadas por monopolios, duopolios y colusiones que podían hacer lo que quisieran con ciudadanos convertidos en deudores y consumidores, no muy diferente posición a la de los antiguos esclavos.
El Chile borrego soportó veinte años de transacción permanente para luego despertar, entre otros fenómenos gracias a seis meses de manifestaciones estudiantiles. Cuando el cordero se transforma en león, no puede más que temblar ante el verdadero quiebre entre una seudo-imperfecta-insuficiente democracia y la verdadera participación popular.
Pienso que en el tema de las cargas públicas no se discute sobre un sistema impositivo sobre más o menos impuestos, sino que sobre un modelo de nación y una forma de desarrollo. Las preguntas de algunos de los economistas, con respecto al tema de los impuestos, son ingenuas: es evidente que necesita recaudar más dinero si estos recursos se destinan a la educación y la salud, preferencialmente. Está claro que no podemos continuar un segundo más con una subvención preferencial de $60.000 cuando se requiere, al menos, el doble o el triple, ni con el per cápita en salud, que es ridículo si se compara con los demás países del OCDE. Para qué hablar de educación gratuita o de nivelar la cancha entre ricos y pobres.
A diferencia de los hipócritas del patriotismo y del nacionalismo, algunos empresarios ultraconservadores, fanáticos nacionalistas entre algunos militares y otros organismos, el amor al país debe demostrarse con obras y no con palabrería hueca, es decir, que en responsabilidad de las cargas públicas se pruebe, en la práctica, el amor a Chile. En verdad, la mayoría de los personeros de estas instituciones de facto han demostrado todo lo contrario – las farmacias, las empresas de transporte y los polleros – no han hecho otra cosa que perjudicar a los pobres.
Algunos de los grandes empresarios y los principales contribuyentes en el impuesto patrimonial saben, a la perfección, la práctica de la elusión y, al final, terminan en el ridículo de que un gerente de empresa paga proporcionalmente menos impuestos que su propia secretaria y que los únicos tontos que llevan el peso de la carga son los trabajadores, a quienes descuentan por planilla, y los pobres que, además de la colusión de farmacias, transportes y pollos, terminan aportando alrededor del 50% de la carga tributaria.
En el año 2009, fuimos los únicos que propusimos una reforma tributaria con detalle para financiar la revolución educacional y en salud. Tanto Frei, como Piñera nos acusaron de demagogo o populista. Hoy esta iniciativa forma parte del sentido común, salvo de algunos megaterios.
Reitero los principios y sugerencias que creo debieran enfocarse en una reforma tributaria y que sugiero sean parte del debate:
1- Recaudar más recursos para el fisco, con una clara destinación a educación y salud. La meta debiera ser aumentar, al menos, un cuarto del PIB en ambas áreas.
2- Aumento substancial de impuestos a las utilidades de las grandes empresas, de un 20% al 30% permanente.
3- Aumento permanente del IVA a un 20%, incluyendo, por cierto, las industrias madereras e hidroeléctricas
4- Un impuesto del 50% a las termoeléctricas y a todas las industrias que atenten contra el medio ambiente. Una suerte de eco-impuesto.
5- Una rebaja permanente del IVA al 10% a todos los productos de la canasta popular, y a un 7% al pan, al pollo y a la carne. Esta rebaja del IVA incidiría favorablemente en el índice de inflación, por consiguiente, podrían obligar al Banco Central a bajar las tasas de interés e incentivar la actividad económica.
6- Premios tributarios a las pequeñas y medianas empresas que contraten más trabajadores, es decir, el Estado les entrega recursos en vez de cobrarles, experiencia que ha sido probada mundialmente.
7- Rebaja tributaria a las familias que gasten en educación de sus hijos.
8- Aumento substancial del impuesto local para la segunda habitación de veraneo.
9- Un IVA de un 22% para todos los productos suntuarios.
10- Una repatriación de capitales, con una tasa de un 6%.
La reforma tributaria debiera servir para poner fin al Chile segmentado. No se trata de recaudar para que usufructúen los miembros del duopolio, sino para realizar una profunda revolución igualitaria. Como ocurre con las tortas de milhojas, los miembros del statu quo no podrán captar la profunda revolución que se está produciendo en Chile, es por eso que conservadores fascistas de derecha y de izquierda, no han entendido nunca el sentido de la historia. No entienden que todos los sólidos se desvanecen en el tiempo y que el arte de la política es descubrir las contradicciones y enfrentarlas en forma radical.
Por José Larrea
La nueva oferta de los iluminados congresista debe llamarnos la atención, generar un punto de vigilancia permanente. La demanda por una nueva constitución es la mayor aspiración que los movimientos sociales han hecho sentir este último tiempo, se ha expresado en las calles y las redes sociales, corresponde a una demanda legítima fruto de la profunda desigualdad existente en la sociedad.
La actual Constitución es ilegítima y espuria, surge de la necesidad que tiene la dictadura para proyectar el dominio de los poderosos del país y las empresas extranjeras que hacen su picnic en Chile, llevándose a manos llenas nuestros recursos naturales.
Esta constitución tiene la particular característica que garantiza el desarrollo de un modelo económico basado en la economía de libre mercado y la competencia como eje fundamental de la vida en la sociedad, evitando por todos los medios el rol regulador y fiscalizador del estado que históricamente existe en un estado republicano.
Es la Asamblea Constituyente el mecanismo que asegura representatividad democrática y no un congreso representativo de poderes fácticos que solo se ha preocupado de maquillar la actual carta constitucional, con el objeto de mantener la situación de desigualdad y miseria para la gran mayoría de la población.
La Asamblea Constituyente es la que debe recoger el sentir de la mayoría ciudadana, legítimamente elegida y que en justas aspiraciones debe expresar su anhelo de justicia y libertad.
Es tarea de la ciudadanía integrar el descontento que provocan las actuales condiciones de vida con trabajo precarizado y mal remunerado, endeudamiento endémico que tiene agobiada a las personas y que genera situación de incertidumbre, inseguridad respecto al futuro, considerando que los fondos de pensiones para quienes lo poseen, cada vez se ven más exiguos gracias a la volatibilidad especulativa del mercado.
La forma demagógica e impopular que tienen estos congresistas para buscar una salida airosa y que les permita seguir usufructuando de los beneficios del poder, es lo que debe llevarnos a desconfiar de sus propósitos. No han hecho otra cosa que engañar y postergar a la población, mantienen y aumentan escandalosamente sus cuotas de poder, han pactado nuestra riqueza fundamental como es el cobre, desnacionalizándola y hoy contamos solo con el 28% de su propiedad; el agua, la electricidad, las rutas camineras, las cuotas de pesca, los medios de comunicación, son el gran negocio con el que se han enriquecido ante la impavidez de la ciudadanía.
Es este movimiento estudiantil el que ha hecho conciencia y ha proyectado la necesidad sobre un nuevo orden constitucional, que reemplace el actual nivel de precariedad en que se encuentra este país. No permitamos que los mismos ladrones que ayer ofrecieron representar al pueblo, sean los artífices de un nuevo engaño.
Nueva Constitución mediante Asamblea Constituyente. La soberanía popular es un derecho que no se transa en el mercado.