Nadie discute que la industria minera ha sido para Chile, a través de la historia de su desarrollo económico, un importante eje sobre el cual se han construido las bases de nuestras políticas públicas y la solidez del Estado, además de que ha permitido el auge de importantes territorios como Antofagasta, Iquique y últimamente Copiapó, en el norte de nuestro país.Pero detrás de toda esta bonanza producida en el último quinquenio debido al alto precio del cobre, se esconde una realidad que solapadamente crece día a día. Me refiero al fenómeno de la inmigración desde países como Colombia, Bolivia y Perú.
Lamentable resulta que a nivel de políticas públicas, de ejes programáticos, los candidatos presidenciales no manifiesten su parecer frente a un tema tan profundo como éste, considerando que demográficamente tiene tremendas implicancias en materias de salud, educación, vivienda y ni hablar de los problemas sociales asociados, llámese prostitución, narcotráfico y delincuencia, tan presentes en nuestro norte.
De otra forma, estamos frente a un tema país que está siendo invisibilizado y peor que eso, al parecer no contamos con información 100% confiable para evaluar la cantidad de población extranjera ubicada en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama. Lo anterior, tras los cuestionamientos levantados a la información entregada por el INE a partir del Censo 2012.
Para agregar complejidad a este fenómeno, también se produce un proceso de migración interna hacia este “paraíso minero”. En este caso las cifras entregadas por la industria, hablan de una necesidad permanente de profesionales y técnicos especializados en faenas mineras.
Según estudios realizados por académicos y profesionales del área social de la Universidad Católica del Norte, existe la percepción de que esta segunda categoría de migrantes es nómade por naturaleza y que su paso por la zona es transitorio, extendiéndose el tiempo sólo por el tiempo necesario para acumular recursos económicos que aseguren un buen pasar a futuro, pero en otra región. Lo anterior, implica sí o sí, la existencia de una masa de trabajadores que no busca aportar al desarrollo de las zonas mineras, sino que más bien la explotación de las mismas mientras el mineral se los permita.
Dicha realidad debe ser considerada en la concepción de lineamientos estratégicos que permitan hacer más vivibles esas ciudades. Esto, porque se ha estado estudiando que la inmigración genera impactos negativos no sólo en términos sociales, sino que también económicos. Recordemos que en el caso de la migración profesionalizada, ésta traslada sus recursos a otras regiones, generando externalidades negativas a los residentes, como por ejemplo el encarecimiento del costo de vida y el aumento de las brechas salariales entre quiénes son parte de la industria y quiénes no lo son.
En definitiva, los procesos migratorios internos y externos en el norte de Chile principalmente, generan una serie de problemáticas que como Estado y sociedad chilena no estamos observando, hecho que se agudiza si entendemos que las proyecciones de crecimiento minero en los próximos 15 años, aumentarán exponencialmente. ¿Qué quiero decir con todo esto? que se está incubando una bomba, lenta, pero bomba al fin y al cabo y que si no es abordada con responsabilidad, tendrá altos costos para el país y para los habitantes “históricos” de nuestro norte grande.
Para evitar su explosión, lo primero es mejorar nuestras estimaciones estadísticas; lo segundo, recobrar la confianza en las instituciones dedicadas a ello; y en tercer lugar, exigir al Estado un rol más protagónico en la definición de políticas públicas que sean incluyentes para los migrantes.
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Antonio Rubio
Director de Proyecto, Fundación Cada de la Paz. Licenciado en Sociología de la Universidad de Chile, Diplomado en Gestión Estratégica y Estudio de Organizaciones Asociativas del Programa Interdisciplinario de Estudios Asociativos de la Universidad de Chile y profesor del Diplomado de Gestión de Relaciones Comunitarias de la Universidad Central, en el Módulo Plan de Relaciones Comunitarias.
Hablar en Chile de temas como acortar la brecha económica entre ricos y pobres, disminuir los índices de pobreza y vulnerabilidad social, se han transformado, junto a mejorar la calidad de la educación o solucionar el “problema” del lucro en educación, en lugares comunes dentro de las prematuras campañas políticas, o dicho de otro modo, suenan como respuestas de “miss” en concurso de belleza.
La cuestión parte ahí, pues acompañando cada una de estas frases y junto a los sonrientes rostros de un gran cartel multicolor súper iluminado, resaltan slogans innovadores, profundos e inspiradores, como por ejemplo, “el cambio viene”, “todos por el cambio”, “otro Chile es posible”, “tenemos que cambiarle la cara al país”, etc., etc., etc.
Y claro que ese “otro Chile” existe. Una cara de la moneda que no aparece en las postales junto a la virgen del cerro o a los ascensores de Valparaíso. Un Chile donde, a pesar de toda la crítica y mofa de la que fue objeto el recetario del Ministerio de Desarrollo Social, vive incluso con menos de $2.000 al día. Basta cruzar el mítico límite de plaza Italia hacia el sur o el poniente para divisar, si es que queremos ver, las personas que se duchan en las salidas de agua de las paredes del Mapocho, las decenas que viven y duermen en la calle, en casas de cartón, en los alrededores de la posta central o en la vega; los niños y jóvenes que se entremezclan entre piruetas, pelotas o el limpia parabrisas de algún semáforo importante.
Pero no se trata sólo de esta pobreza material extrema. Se trata de códigos, conductas, la cultura de quedarse fuera, atrás. Y así, en una misma ciudad cohabitan mundos paralelos que intentan, al menos de una parte, no cruzarse; que no me afecte, ignorarse o ignorarlo. Basta que mi barrio esté limpio, que mis calles tengan las áreas verdes que necesito, la autopista de gran velocidad, la mejor alarma anti robos.
Parece que con eso y mis propios recursos bastara… basta la escuela pagada de mis hijos, el médico particular de mi familia, los libros que puedo comprar. Como si nada de está coexistencia, de este cohabitar me afectase. Pero ojo, no se puede olvidar que vivimos en un sistema, un engranaje de relojería en donde aquello que ocurre a otros tendrá repercusiones en mí; y créanme, no se trata de un versículo bíblico o señal divina, no. Sólo por poner un ejemplo, en Santiago vivimos prácticamente todos bajo la misma capa de contaminación durante el año.
Y entonces, cuando se ve la gigantografía con el rostro sonriente, cuando se escucha o se lee el slogan como si fuese publicidad de seda dental o zapatilla de moda, algunos sacarán cuentas respecto del status quo que se esmeran por mantener; otros lamentablemente, al parecer, cada día menos, buscarán el verdadero fondo de la campaña; los más, también lamentablemente, pensarán que da igual quien gobierne. Entonces aquellos, que denominados los menos favorecidos, producto de su desesperanza aprendida y también inculcada, modelarán una mueca dolorosa por las promesas no cumplidas, por la bofetada diaria de un país que se jacta de un ingreso per cápita de US18.000, del cual la teoría de chorreo no alcanzó a empaparlos.
Porque detrás de tanta parafernalia, de tantos millones gastados -y no declarados, que para otro tema nos da respecto del dónde sacan plata los partidos-, de tanta anticipada presentación o bienvenida de candidatos, lo que queda es sólo un acto de posicionamiento de imagen, el rostro, la postal, pues las promesas se las lleva el viento.
Y Chile sigue estancado, no avanza, no mejora y no se trata sólo de condiciones materiales, de los pobres o de los grupos vulnerables. Se trata de estándares mínimos, de cuál es mi piso, cuál es el piso país que tengo para desarrollarme, cuánto estoy al debe en cultura, educación, salud, salario mínimo, de la visión país, del resguardo de los recursos naturales, de cómo quiero producir y a qué costos, del sistema político que mantenemos, de los grandes consensos, pero también de cómo damos cabida a las expresiones de diversidad o a las minoritarias.
Por eso son importantes los canales alternativos de información, las redes sociales, este mismo espacio de columnas de opinión. Son importantes también los organismos – en su mayoría ONGs- que investigan, denuncian y nos recuerdan las promesas realizadas y las cumplidas de nuestros gobernantes, develan los lobbies internos o la inconsistencia ética de algunos. Allí está Ciudadano Inteligente, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, Ciper Chile, etc.; y también están aquellos espacios propositivos, como acuerdos.cl y su campaña “5 conversaciones para Chile” (www.5conversacionesparachile.cl), que a través del uso de internet propone la búsqueda de caminos alternativos para darle algo más de contenido a las campañas y al debate electoral.
Por eso, si usted vota, infórmese, lea, profundice más allá del slogan, la frase cliché o la belleza de la gigantografía; escuche a las voces disidentes, tome apuntes, súmese a nuevas iniciativas, promueva el diálogo crítico, presione para correr el marcador y no resultar nuevamente empatados a cero. Incluso, si decide no votar, por favor que esta opción consciente quede reflejada claramente y no sujeta a las especulaciones de los analistas políticos, que más tarde hablarán, en el mejor de los casos, de voto de castigo o de la flojera del chileno, para intentar, siempre dentro de una misma lógica: el por qué la baja asistencia a las urnas.
Por último, piense: Ni usted, ni yo, ¡nos merecemos tan poco!
Geógrafa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Master en gestión de Sistemas Ambientales y Master en Políticas Sociales y Gestión Estratégica para el Desarrollo Sostenible del Territorio de la Universidad de Bologna, Italia, se especializa en gestión estratégica, gestión de proyectos de desarrollo con enfoque económico territorial ambiental. Con 10 años de experiencia ha trabajado en organismos gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil.
El 3 de abril de este año, el Diputado por el Distrito 8, el Señor Pedro Velásquez será nombrado como Vicepresidente de la Cámara Baja, tras acuerdo del oficialismo y las bancadas independientes, hecho que ha generado un gran debate en el mundo político. Cabe recordar que el Diputado Velásquez fue destituido como Alcalde de Coquimbo tras ser encontrado culpable por fraude al Fisco, por sobrevalorar el valor de unos terrenos en la ciudad, el Tribunal Oral en lo Penal de La Serena lo encontró culpable y lo condenó a una pena de presidio de 300 días de pena remitida por fraude, una multa de $165 millones (que a la fecha se encuentra impaga) y a la inhabilidad perpetua de ejercer como Alcalde, en tanto en materia civil se le condenó a restituir el patrimonio afectado (que asciende a la suma de $284 millones). Aun así el año 2009 fue electo Diputado por las comunas de Coquimbo, Ovalle y Río Hurtado (IV Región), obteniendo la segunda mayoría.
El principio de Probidad, que consagra nuestra Carta Magna, está definido como los estándares mínimos de comportamiento de todas las autoridades y de los funcionarios públicos que se desempeñan en la Administración del Estado, que “consiste en observar una conducta funcionaria intachable y un desempeño honesto y leal de la función o cargo”[1]. Definición que claramente no describe el actuar del actual Diputado, sabemos que el Estatuto no rige para los parlamentarios, pero siempre es exigible este principio en el actuar de un funcionario electo por la ciudadanía para ser representado ante uno de los poderes del Estado. ¿Cómo es posible que un político llegué a ser parte de la mesa que dirige a la Cámara Baja? No existe ningún reglamento que impide dicho nombramiento, ya que la imposibilidad de ejercer un cargo público sólo se aplica a ejercer como alcalde, lo preocupante es que a través de un acuerdo político llegué a presidir un órgano de tamaña importancia y que al mismo tiempo necesita gozar de un alto prestigio, que siendo dirigido por un político juzgado por fraude al Fisco pierde toda legitimidad.
En casos como esto se hace evidente la necesidad de la existencia de un estatuto que regule de una mejor manera el comportamiento de los miembros del Congreso Nacional y que en caso de las candidaturas de nuevos parlamentarios, el hecho de ser condenados por Fraude al Fisco sea una imposibilidad postular a cualquier cargo de elección popular
La urgencia de esta iniciativa radica en el hecho que los fondos utilizados para realizar las funciones parlamentarias proviene del pago de los impuestos de todos los chilenos, y si sabemos que uno de ellos es corrupto, como podemos estar seguros que este dinero va a ser utilizado de una manera correcta. Al mismo tiempo es necesario perfeccionar el tema de los requisitos para postular a estos cargos públicos, ya que no exige el hecho de tener una irreprochable conducta anterior. Como podemos imaginar este tipo de iniciativa jamás verá la luz, por la simple razón que nuestra clase política no se va a arriesgar a perder el poder que poseen dentro de nuestro Estado; por ende poco podemos hacer para que la ‘política’ se profesionalice y que nuestro representantes estén a la altura de los nuevos desafíos que enfrenta nuestro país.
Por último que pasa con el dinero adeudado, no es exigible que el Honorable Señor Diputado pague lo adeudado, que con subterfugios legales tomo “prestado” del Municipio de Coquimbo, o nuevamente va a primar la norma de la poca memoria de corto plazo de nuestros políticos, haciendo la vista gorda de tamaño delito. Si va a ser nombrado Vicepresidente de la Cámara, por lo menos que sea capaz de obedecer las Leyes que él mismo discute a diario en su sillón como parlamentario. Los ciudadanos estamos cansados de los dobles discursos y de la falta de ética de nuestra clase política.
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[1] Ley 18.575 de Bases Generales de la Administración del Estado. Artículo 52 párrafo 2°
Uno de los principales fundamentos para asegurar el progreso y desarrollo de una nación es, sin duda alguna, la institucionalidad y la percepción social sobre la misma.
Hace algunos años (en mi opinión desde Frei Ruiz-Tagle) las instituciones políticas han ido cayendo en un constante proceso de deterioro. No obstante ello, es hoy cuando los temas son cada vez más evidentes, lo cual se debe principalmente a las consecuencias de la rapidez y el extenso alcance de las comunicaciones.
El Chileno, en general, ha perdido la real confianza en los partidos políticos y quienes los conforman, así también el interés por el acontecer nacional ya no es prioridad informativa del grueso de la población como si lo fue en otros tiempos.
Todo ello puede explicarse desde distintas aristas.
Bien podemos atribuirle culpas a la vergonzosa televisión de hoy, que parece esforzarse por fomentar la proliferación de personas y situaciones que no aportan en absolutamente nada al intelecto ni al desenvolvimiento da nadie; me refiero a algo tan sencillo que es entendible solo comparando cuántas horas diarias destinan los distintos canales de televisión abierta a cubrir los conflictos entre modelos (que de modelos no tienen mucho), la infidelidades de los futbolistas o la celulitis de tal o cual, versus la contingencia política o noticias que aporten a la cultura general de todos nosotros.
¿Qué nos queda entonces? Cuando mucho podemos recurrir a la prensa escrita y ¿quiénes son los que leen? Seamos realistas, sabemos que no precisamente los jóvenes en quienes depositaremos el futuro de nuestro país.
Otro factor que incide en la decadencia de la institucionalidad, evidentemente, es la conducta de los políticos, y con ello me refiero a los que están y no están en el poder. La política nacional se ha ido convirtiendo paulatinamente en un verdadero circo.
Por su parte la clase gobernante ha caído en errores tan evitables como la sobreexplotación de distintas situaciones en las que pudieran generarse puntos a favor (el caso de los mineros, la obtención de algunos realmente miserables puntos de aprobación en X encuesta… por mencionar sólo algunos). El interminable chaqueteo entre los personeros de Gobierno que se muestran en un constante “gallito” por la banda presidencial es otra arista a considerar en la falta de credibilidad de la gente.
La concertación, en tanto, ha caído en un rol deprimente de criticarlo absolutamente todo sin proponer soluciones viables. Se han mostrado en contra, incluso, de los intentos de mejorías en errores que ellos mismos cometieron. Sí señores! No seamos ciegos ni caigamos en burlas sobre la frase que dice “es culpa del Gobierno anterior” porque realmente es así. Hay varias cosas que hoy podríamos estar evitando o llevando de mejor manera si la gestión de Bachelet hubiese sido un poco más que una sonrisa.
El ala izquierdista de la política ha incidido, además, en la falta de institucionalidad, debido a los interminables roces internos que se han ido gatillando por el hambre de poder de gente que de vocación de servicio público pareciera quedarles bien poco.
Por lo anterior, es que hoy nos encontramos inmersos en un escenario político deplorable. Una realidad en la que parece más importante averiguar qué político ha fumado más marihuana en su vida versus la problemáticas de vivienda en zonas extremas o la educación nacional; o bien, donde el vicepresidente del senado discute si su accidente de fin de semana en moto de nieve fue o no un accidente laboral, mientras que perfectamente podría dedicar, al menos la mitad del tiempo que ha dedicado a ello, para hacer su trabajo y, por supuesto, a hacerlo bien.
Que no nos impresione, entonces, cuando vemos a un grupo estudiantil con más credibilidad que los sectores políticos. No nos llame la atención cuando varios de los estudiantes celebran ello aun cuando se han posicionado con un tan bajo porcentaje.
No tratemos de buscarle una explicación a la alta aprobación que obtiene Bachelet estando fuera del país, sin opinar de nada realmente importante para ninguno de los chilenos y evitando toda responsabilidad sobre las atrocidades que dejó el tsunami en 2010. Y que no nos impresione, tampoco, que éste último punto esté quedando en el olvido.
Hoy somos un país que políticamente tiene tradición conservadora, tenemos una tendencia liberal en lo económico y en lo social no somos más que un híbrido de cuestionable futuro.
La imagen que quieren darnos los políticos es algo abismantemente distante a lo que terminamos percibiendo.
Creo que es tiempo de que los segmentos políticos se ordenen internamente. Es momento, también, de que el Gobierno prime el bienestar social por sobre la imagen de uno u otro político. Y ya estaría bueno, además, de que la población empiece a empoderarse y generar distintos pensamientos basándose en información de real importancia.
Hoy llegó a mis manos una invitación de una prestigiosa universidad para escuchar una charla de Andrés Velasco, quien es presentado como Candidato Presidencial. Ello trajo a mi mente algunos pensamientos que me gustaría compartir con ustedes.
Parece que fue ayer cuando una gran parte de Chile estaba en el suelo a raíz del terremoto y, mientras tanto, Michelle Bachelet traspasaba el mando presidencial a Sebastián Piñera. Sin embargo, en un muy breve espacio de tiempo comprendido entre aquel entonces y hoy, ya han sonado varios nombres de peso para una próxima carrera presidencial.
El problema es que 4 años son muy pocos para que un Gobierno pueda sentar un precedente a nivel nacional y es por ello que vemos al rostro del ejecutivo como un eterno candidato. Tanto Bachelet como Piñera cayeron en el mismo vicio. En cada uno de sus discursos se han mostrado llenos de promesas y romanticismos, como intentando convencer a la población de algo que nadie entiende lo que es. Es muy poco lo que comentan sobre los hechos reales (los cuáles por tradición suelen darse a conocer cada 21 de mayo), y es que éstos darán frutos o perjudicarán a la sociedad en un plazo bastante mayor a los cuatro años.
Por si eso fuera poco, el presidente (independiente de su tendencia) debe lidiar con la ambición natural de todo político que apunta al poder propiamente tal. Es que cuatro años es un tiempo prudente para hacer una campaña bien pensada y de probables efectos positivos. Ya vemos como los varios logros del actual Gobierno (los que por cierto no han sido pocos) han pasado a segundo plano o se han visto opacados por la carrera a la presidencia del 2014 que ya está en pleno proceso.
Hoy tenemos a varios candidatos, algunos declarados como lo es Franco Parisi y, por lo que veo, Andrés Velasco. Tenemos también, los candidatos “no asumidos” como lo son Lourence Golborne, Andrés Allamand y, por supuesto, Michele Bachelet.
A mi parecer, tenemos demasiados nombres para la próxima carrera presidencial. Son demasiados considerando el reducido espectro de tendencias políticas en la gente. Están los de derecha, los de izquierda, y los que no están ni ahí. Unos más otros menos pero, en esencia, eso somos.
Lo lógico sería entonces, tener sólo tres candidatos. Por la izquierda que presenten a Bachelet, que la derecha presente a Golborne y los que les da lo mismo presenten a Parisi.
¡La carrera presidencial ya comenzó, señores! Y varios no se dieron ni cuenta. El espectro de posibles candidatos se aleja bastante de lo que debiera ser, pero finalmente eso nos promete un año de candidatura (2013) bastante entretenido, el cual se verá condimentado con el famoso voto voluntario.
Ya es tarde para que la alianza y la concertación se ordenen. Ya no es tiempo de filtrar los temas por los cuales hacerse notar. Bienvenidos sean los debates tan inverosímiles como cuáles son los parlamentarios que fuman marihuana.
Últimamente, cada uno de los partidos políticos ha ido avanzando por medio de errores y desentendimientos internos que han quitado credibilidad no solo a los bloques sino también a las personas que los conforman.
En sentido de ello, que no nos extrañe el colosal efecto que pueda generar Franco Parisi.
La gente ya se terminó de desencantar con la política nacional, ya no creen ni lo que rezan los políticos… desde el concejal de cualquier municipio hasta el Presidente de la República. Y es por eso que veo tremendamente posible el triunfo de Parisi, por el hecho de que no estamos hablando de un personaje político, y se nota.
Si éste personaje es tan inteligente como parece, debe comenzar desde ya a abordar profundamente algunos temas que no tengan nada que ver con lo económico. Ya está claro que el tipo se maneja con todo lo micro y macroeconómico. Hoy es preciso que apunte a lo social, a las problemáticas ya tradicionales y de peso que encontramos de Chile como lo son la salud y la educación. Le recomiendo a este personaje comenzar desde ya con charlas para la gente de regiones donde los problemas son dos o tres veces más graves que en Santiago. No obstante, para tan poco tiempo de campaña, no puedo desconocer que lo ha hecho bastante bien.
El oficialismo debió haberse unido fuertemente y dejar que sólo la Concertación empezara con divisiones internas, pero no lo logró. A la “Coalición por el Cambio” ya le queda bien poco de “Coalición”. La Concertación, en tanto, debe seguir tirando paños fríos al caso Tsunami para que la flamante candidata pueda hacer renombre por algo positivo. Y Parisi, debe ampliar el contenido de su discurso.
Esperemos que esta vez la gente logre entender que debe votar por el más capaz y no por el más carismático.
En mis tiempos de estudiante, en alguno de los varios textos que pasaron por mis manos, me tocó leer una idea que sin duda alguna ha hecho eco en mi mente hasta el día de hoy. Si mal no recuerdo, la frase decía algo así: “la democracia es la autoridad de la mayoría por sobre las minorías”. Desde entonces, no he podido sino cuestionarme frecuentemente la validez y el peso real del concepto “democracia” en esta, nuestra sociedad.
Bien es cierto que dicho término significa “poder del pueblo” (demos kratos). En esencia, ese breve concepto dice mucho y ha logrado dar cimientos a innumerables hechos históricos. No obstante ello, recordemos que la muestra más pura de la que se tenga registro sobre lo que ha sido la práctica democrática fue la antigua Atenas y, es teniendo claro ello, que surgen poco a poco distintas inconformidades sobre nuestra actualidad política y social.
Vamos viendo. En primer lugar, la democracia pura y recta de los tiempos clásicos se dio en un pueblo muy distinto a cualquier grupo social presente en este tiempo. Eran personas cultas, preocupadas por lo que pasaba a sus alrededores y tremendamente llenos de ambiciones. Los atenienses eran ricos en cultura y tradiciones, primaban el conocimiento y la razón por sobre el ocio y lo militar. En cada decisión que hubiere de tomarse, cada miembro de aquel grupo de habitantes tenía la libertad de opinar por medio de voto secreto sobre las alternativas dadas en pro del bienestar del pueblo entero.
Aquel grupo de personas fueron los pioneros de ésta idea que tanto peso le damos en la actualidad. Gente estudiosa y preocupada del perfeccionamiento constante de la razón (me gustaría ver un solo chileno al azar memorizando “La Iliada”… tal como lo hicieron los atenienses).
Me parece irrisorio, entonces, ver tanto político jactándose de la “democracia chilena” y más lastima me da cuando dicen que la imagen de nuestro país de ha posicionado por ello mismo. Llega incluso a provocar risa cuando sale al aire la frase “tradición democrática”. ¡Por favor! ¿de qué tradición democrática estamos hablando?.
En una clase de Historia de Chile un gran profesor desglosó la idea y nos explicó (al curso) el porqué simplemente no podemos nunca hablar de la tradición democrática. Y fue él quien compartió una idea basada en numeración de hitos que no puedo sino compartir:
Chile parte del virreinato del Perú.
Guerra contra el pueblo araucano (la segunda guerra más larga de la que se tenga registro, siendo superada solo por las cruzadas).
Persecución a los liberales.
Chile federal.
Guerra Civil de 1891
Chile y la rotativa ministerial… período en el que tuvimos incluso ministros que usaron sus cargos por tan solo un día.
Irrupción armada durante el gobierno de don Arturo Alessandri Palma, quien debió interrumpir su periodo presidencial hasta que los uniformados vieran que no eran capaces de tomar las riendas sobre las problemáticas nacionales.
Gobierno militar presidido por Augusto Pinochet.
Esos son solo algunos de los ejemplos de las tantas interrupciones que ha tenido nuestra endiosada democracia. Y todo eso en solo 200 años, lo cual por cierto es un muy breve período de tiempo para hablar de que el nuestro es un país recto e inmaculadamente democrático.
Es cierto, tenemos un sistema de elección que nos permite elegir concejales, alcaldes, parlamentarios e incluso el Presidente de la República por medio de sufragio universal. Sin embargo ello no me parece suficiente para considerar a mi país como una nación democrática. Cada día es más frecuente la frase “no voto porque no me interesa la política”, sobre todo en jóvenes, quienes por cierto aparentemente no han logrado darse cuenta que absolutamente todo lo que tienen y lo que los rodea a llegado a ellos gracias a una intervención política.
Por otro lado, y aunque a muchos les pese, no podemos desconocer que el grueso de la masa electoral peca de ignorancia ante asuntos claves antes de sufragar. No saben lo que es el modelo directo o indirecto, no saben realmente cuales son las labores de concejales o alcaldes, y no saben, siquiera, la diferencia entre un senador y un diputado. ¿En qué se traduce eso? En el constante triunfo del carismático por sobre el capaz. Y es así, señores, como le damos constante impulso a la rueda del círculo vicioso en el cual estamos inmersos. ¿Cómo podríamos solucionar éste problema?… realmente no lo he pensado con detención, pero si tengo claro que el dictar educación cívica obligatoria sería sin lugar a dudas un muy gran paso al respecto.
No pongamos la democracia en un pedestal. No, al menos, mientras basemos nuestra democracia en la capacidad de sufragio popular. La democracia es mucho más que eso.
Sólo tenemos 200 años, estamos en pañales. Aún es tiempo de empezar a hacer las cosas bien. Pero como diríamos en buen chileno… bajémonos de la nube. No, no somos un país de tradición democrática.
Chile, según avalan los informes del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) es uno de los países con menor riesgo para la inversión y, a su vez, con mayor estabilidad económica interna en su zona (lo que abarca prácticamente toda América del Sur, salvo algunos casos aislados como Surinam y Guyana Francesa que se rigen por lineamientos económicos externos). Teniendo claro ello, ya se justifica en gran parte el interés de Hong Kong por tener un acuerdo comercial tan importante como el que evalúan para con nuestra nación. Hong Kong es por sí misma un espacio de constante auge económico e industrialización en base a capitales e intercambio de capital humano desde y para el extranjero (se rige por un modelo económico puramente capitalista).
Nuestro país, teniendo un modelo económico basado en el capitalismo y marchando aun –en un gran aspecto-, pese a varias reformas legales, se muestra al mundo como una zona en la que el sector privado es actor principal en la arena comercial y donde, por lo demás, existen variada y abundante materia prima, lo cual para distintos puntos del Asia Pacífico ha de ser un evidente foco de interés.
Cabe explicar, además cuál es el motivo por el cual dicho agente asiático puso los ojos en nuestro país antes que en otras posibles naciones como Perú, Argentina o Brasil. Vamos descartando por parte.
Argentina pudo haber sido opción para un TLC antes que Chile, mas ello podría haberse dado hasta hace varios años. No olvidemos que el país trasandino se negó a pagar la deuda que mantenía pendiente al Banco Mundial, con lo cual pasaron directamente a la llamada “lista negra” de aquel organismo internacional, de modo tal que marcó un precedente que ha sido –y seguirá siendo- por muchos años un lastre para el comercio argentino.
Brasil, en tanto, si bien ha gozado últimamente de una suerte de estabilidad política, posee un modelo económico más bien mixto, con lo cual nos referimos a un Estado que no se limita únicamente a ser un espectador del comercio nacional e internacional, sino que en ciertos ámbitos es un actor más, con lo cual limita el actuar y los intereses de agentes privados y, por ande, de inversionistas extranjeros.
Por último, Perú viene teniendo una política más bien estable a ojos del resto del mundo, como también lo ha logrado en el ámbito económico. No obstante ello, para Hong King, firmar un acuerdo comercial con aquella nación significa en el corto plazo tener que extender dicho tratado hacia distintas naciones latinoamericanas, en base a los estatutos de las distintas entidades multilaterales de las cuales nuestro vecino del Norte es miembro activo como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), sentido en el que Chile se posiciona como mejor opción al haber optado por una postura aislación en aquel aspecto.
Veamos, entonces, cuáles serían los beneficios para cada una de las posibles partes involucradas.
Chile lograría mejorar aún más su imagen país y el interés de inversión externa. El tener un TLC con Hong Kong genera externalidades positivas para los chilenos que van mucho más allá de la baja en los precios de productos provenientes de dicha localidad. Sería de esperar, en el mediano y largo plazo, un aumento en la tecnología que se insertará en la prestación de servicios y producción interna. Así también, el requerimiento de mano de obra calificada, derivará en la necesidad de mejoría de capital humano, lo que incidirá en la educación técnica y superior.
Otra ganancia para Chile será el seguir escalando en materia macroeconómica con respecto a sus pares latinos lo que geopolíticamente genera notable estabilidad interna y un resguardo importante y necesario ante la posibilidad de crisis económicas que puedan suscitarse en países vecinos y/o cercanos.
En un aspecto más social, lo más “palpable” para nosotros, los chilenos sería el abaratamiento de muchos productos tecnológicos provenientes de China. Aumentará, con el pasar del tiempo, el número de agentes existentes en distintas áreas de servicios, lo que generará mayor y mejor competencia; con ello, los chilenos debiéramos poder apreciar una baja en los precios en aquel sentido. En el largo plazo, aumentará y/o mejorará la tecnología existente en las áreas de producción, lo que debiera también generar una caída en los precios de productos provenientes del sector agrícola y pesquero interno. Por último, y lo que tal vez sea lo menos evidente a vista del grupo social nacional, se generará la mejoría en formación de personal calificado (capital humano) lo cual mostrará frutos en, a lo menos, una década más.
Hong Kong, en tanto, ganará el punto de acceso para aumentar sus redes de acción comercial dentro del cono sur. El haber pactado un acuerdo comercial con Chile le asegura suficiente tiempo de estabilidad en uno de sus tantos acuerdos bilaterales, con lo que logra sondear, indirectamente, la realidad comercial de naciones cercanas a la nuestra. Gana, además, el fortalecimiento de su modelo económico interno y el abastecimiento de suficiente materia prima para aumentar su propia producción con lo que incrementa, al igual que nosotros, la capacidad de venta y, también, la entrada de divisas.
Por último, y en relación a lo que pueda afectar positiva o negativamente al resto de los países de nuestra zona continental, es preciso saber que el efecto en otros países latinoamericano, en el corto y mediano plazo, es más bien nulo. Chile ha mantenido una política económica bastante aislada en relación al resto de los países de la zona. Si bien existen varios organismos internacionales de cooperación económica, nuestro país a optado, cuando mucho, a formar parte como país asociado y no como miembro. Ello significa que no está obligado a compartir ni influencias ni ganancias. No obstante, la última decisión en este aspecto la toma Hong Kong, ellos pueden firmar otro TLC en forma bilateral cerrada con otra nación latinoamericana, o bien abierta, con lo cual firmando con un solo país abarca otros más, producto del efecto generado por los organismos internacionales recién mencionados.
El centralismo en Chile es un problema que ya no solo es evidente en la relación Santiago-regiones. Hoy la tendencia a concentrar el grueso de las capacidades políticas, económicas y sociales se está dando con mucha fuerza incluso en lo intrarregional. Para comprobar dicha idea basta con ver la distribución demográfica de cada una de las regiones, de ese modo veremos el peso que tienen las capitales regionales en relación al resto de las provincias, escenario que es sólo el punto medio de una cadena que termina en la “superioridad” de las capitales provinciales por sobre el resto de las comunas.
Claramente podemos, entonces, disgregar la fundamentación del centralismo en dos ideas macro: Lo político-administrativo y lo social.
Por su parte, hablamos de una nación centralizada por cuanto las leyes y las bases de la administración derivadas, en su esencia, de la antigua monarquía española han madurado en Chile una administración tremendamente burocrática, así como también, un poder que descansa sin problemas en las manos de unos pocos y, en algunos casos, se le ve sólo en las manos de una persona (el presidente de la república), quien tiene facultades políticas que están por sobre el común observable en otros países presidenciales.
En segundo lugar, existe la justificación social. Nosotros, las personas, tendemos a buscar el camino fácil en todo ámbito de nuestras vidas y, en sentido de ello, es que aspiramos a vivir y desarrollarnos donde tengamos absolutamente todo al alcance de nuestra manos (aunque ello signifique sacrificarse en cuanto a costo y calidad de vida). Dicha idea apunta a las aspiraciones de las personas y es evidente en una clara figura: el Santiaguino no está dispuesto a vivir en Concepción, el penquista no dejaría su ciudad por irse a vivir a Chillán y el chillanejo, en tanto, difícilmente proyectaría el resto de su vida en la comuna de Pinto.
No obstante todo lo anterior, es preciso que la gente y el Gobierno, empiecen a entender que las regiones han demostrado con creces tener capacidades de sobra para generar importante sustento. Así también, la saturación de la Región Metropolitana es cada vez más evidente y ello es reflejado en los niveles de stress, lo cual se debe mayormente a los altos costos y la mala calidad de vida. La gente poco a poco se tendrá que ir dando cuenta que ese paradigma de “me voy a Santiago puesto que ahí está la pega” se va resquebrajando poco a poco y, entonces, la tortilla comenzará a darse vuelta y serán (esperemos que pronto) los santiaguinos quienes tendrán que evaluar la posibilidad de buscar empleos en regiones y, así también, los inversionistas tendrán que considerar el encauce se sus recursos a plazas en el norte o sur de nuestro país.
El Gobierno en tanto, independiente del color que sea, debe dejar de crear políticas públicas y leyes que apunten a todo el país como si éste fuera un punto. La clase política no puede olvidar que Chile tiene más de 4.000 kilómetros de extensión (y eso solo en la parte continental), con lo cual es lógico y evidente que el problema del ariqueño no es el mismo que obstaculiza la vida del chilote, al igual que los problemas de vivienda en Punta Arenas jamás serán los mismos que en Santiago.
Por último, las empresas deben retornar los grupos gerenciales y directivos a las regiones, con lo cual abaratarán costos y reducirán enormemente los tiempos necesarios para llevar a cabo cualquier decisión. Parece irrisorio que las grandes forestales de las regiones del Biobío y la Araucanía tengan sus gerentes en Santiago, como también es complejo explicarnos porqué la parte directiva del Codelco también está en la Región Metropolitana.
A estas alturas es natural pensar que la descentralización es necesaria para alcanzar el tan anhelado Chile desarrollado. Es necesario que los dineros dejen de distribuirse entre Santiago y las “regiones”, no podemos seguir considerando que “las regiones” son el equivalente a Santiago. En ningún caso se espera un Chile federal, pero si un Chile en el que las regiones tengan un peso político, social y económico que garanticen el tan perseguido “bien común”.
Making my way home on a Thursday evening rush hour is always a busy affair; I and swarms of commuters head to the two opposing metro exits to continue our journey home, although this evening, there is an air of unease as everyone is herded like cattle to just one exit. I casually turn to the available exit and assume that this is just an inconvenience due to maintenance, a typical happening in the city of over 6 million habitants, Santiago, Chile. As we arrive at ground level of Universidad Católica metro station, I stand still as people start running for shelter while covering up their mouths with their hands or clothes. My immediate reaction to this is to, of course, follow everyone else. I tried to judge the severity of the situation but this was a tough feat as all the facial expressions showed a rainbow of emotion. Young people wore nervous smiles, some were angry due to the interruption in their already busy schedule and the rest looked afraid and intimidated.
I hurriedly asked a girl standing next to me what was going on, she simply replied, “Oh, just student protests”. Tear gas being sprayed over the streets and large, overbearing riot vans swerving from left to right was now being considered a usual occurrence. Having seen the snow-ball effect of the London riots last August, it made me evaluate the two different reactions of both the English police force and the Chilean “carabineros”. Is an aggressive of passive reaction more or less successful to subdue protests that result in violence?
The protests that have been taking place from 2011-12 in Chile, mainly in Santiago, are so students of all backgrounds have the opportunity to receive the same standard of education. The silent protest that occurred last August 6th in Tottenham, London was a show of disappointment that the family of Mark Duggan, who was shot by a police officer, were not informed of his death within an appropriate amount of time. Both these protests differed in size and purpose however both resulted in violence. This violence then became the main talking point for the media and it overshadowed the main purpose of the protests all together.
This then brings me on to the reaction of the two police forces. Many in England voiced their disappointment of the more gentle approach taken by the police towards violent rioters however if you’d seen the aggressive nature of some of the ‘carabineros’ towards the masked rioters in Santiago, you may think twice about fighting violence with violence. Considering the other key factors that add to aggressive behaviour during protests, I feel that the ‘carabineros’ show of aggression towards protestors is only going to worsen the predicament. Heat, alcohol, crowded spaces are all triggers of this kind of crude behaviour. The way in which the government reacts to these protests is the ultimate factor that determines how the protest will unfold. Ultimately, it is the public that end up paying more taxes to cover the high cost of the repairs needed after such copious amounts of violence takes place.
These aggravating factors and the satisfaction and status for young people to go against law enforcement in both England and Chile are all together catalysts for disaster. The impression I seem to get from both the violence in England and in Chile is that those creating the violence are using the protests as an excuse to release their anger towards law enforcement whether it is rational or not. If we are going to behave like animals then surely we should be treated and controlled like animals?
In all cases undoubtedly, the protest leaders here feel that the negativity of the violence overshadows the purpose of their protest and also affects its integrity. Other ways of protesting have been tried in Chile, for example the kiss-in which shows the opposite of violence. However was the Chilean government taking sufficient notice of this gentler protest? Where is the happy medium between violent chaos and kissing marathon? With Piñera’s promise of making education his number one priority, you have to wonder if the violence of the student protests has helped to show the severity in this situation. Obviously, I have to appreciate that the stage of development of both Chile and England are not the same however the hostility between the two police forces and the Chilean and English public is still just as apparent. Are violent actions such as the use of tear gas and water cannons, and swerving vans all over the road the most successful in subduing the chaos? Should we fight fire with fire?
Hablar de descentralización en Chile hoy en día está de moda. Sin embargo, es un tema de gran complejidad. Ni siquiera los expertos están de acuerdo en una única estrategia de descentralización para Chile. Para algunos ello pasa por potenciar la regionalización a través de los gobiernos regionales (siendo el paradigma la existencia de un intendente o un presidente regional elegido popularmente) o avanzando hacia un esquema de federal (de discutible raigambre cultural e histórica en nuestro país); otros creen se debe abandonar la estrategia de regionalización a cambio de una reforma radical que potencie los gobiernos locales (y en donde sea posible, por ejemplo, otorgar a los Municipios potestades amplias en materias de seguridad pública, como la posibilidad de crear policías municipales).
Lo anterior va acompañado, además, de discusiones en torno a la posibilidad de que exista una descentralización fiscal: financiamiento de bienes públicos regionales o locales mediante tributos que no van a un fondo común, y que permitiría, que la carga tributaria fuese parte de las ventajas competitivas de cada región y del atractivo de las mismas. Ello se ha vinculado, por ejemplo, a la competencia en Estados Unidos entre los estados para cobrar bajos impuestos a las empresas para constituirse en dichos estados, o bien transformarse en un “paraíso fiscal” a la hora de cobrar impuestos bajos a los adultos mayores que ya se han jubilado.
Hay todavía una tercera estrategia, un modelo ecléctico, como el actualmente existente bajo nuestra legislación, que busca integrar ambos ámbitos de actuación estatal bajo la lógica de la subsidiariedad competencial. Esta última es la posición que pareciera buscar sacar adelante el Presidente de la República al sostener en el discurso del 21 de mayo de 2010 que: “Todo aquello que puedan realizar los gobiernos regionales mejor que el gobierno central, será de competencia de las regiones. Y todo lo que puedan hacer mejor los municipios que los gobiernos regionales, será de competencia de los municipios”.
La actual agenda gubernamental en descentralización está buscando aterrizar en medidas concretas la visión presidencial antes descrita. Ello ha implicado para este año duplicar la inversión regional respecto al promedio 2002-2009 y un aumento sustancial en recursos en salud y educación a nivel local; aumento de más de $100 mil millones respecto al 2009 en el Fondo Común Municipal; la transferencia de competencias a nivel regional y comunal; la elección directa de los consejeros regionales; simplificar y facilitar la realización de plebiscitos comunales y consultas ciudadanas; y repensar el esquema de incentivos especiales para las zonas extremas en cuanto a la bonificación a la mano de obra, crédito tributario a la inversión y el fondo de fomento de zonas extremas.
Se trata entonces no sólo de un aumento de recursos; sino un esfuerzo serio por intentar delinear una estrategia en la materia.
Si bien creemos es un buen punto de partida; debe, en todo caso, considerar el potencial de distorsiones que se pueden generar; la captura de la legislación pro parte de los grupos de interés (que sólo potencia movimientos y protestas como los de Aysén bajo la forma de un discurso de interés nacional); evitar una lógica desarrollista desde el gobierno central; y, que el actual esquema de evaluación de políticas (tanto a nivele de beneficios como de regulaciones) es todavía débil.
El Estado, por lo mismo, no puede perder de vista cumplir sus principales roles. Es por eso que es necesario mejorar el acceso a estas regiones y la conectividad del país, porque indirectamente se atacarán los problemas anteriormente mencionados, y se logrará la verdadera unión geopolítica del país, terminando con el aislamiento de las zonas extremas.
Asimismo, el establecimiento y respeto por reglas claras que permitan el desarrollo de mercados y de la iniciativa privada en actividades como minería, comercio y turismo en la zona norte, y la agrícola-silvícola, pesquera y manufacturera para la del sur; tienen un potencial mayor que la entrega de beneficios selectivos.
¿Qué piensa cada congresista sobre el binominal, el semipresidencialismo, el matrimonio homosexual o sobre el aborto terapéutico?, ¿A qué opositor de su conglomerado político admiran más, a cuál menos?, ¿cuáles son sus creencias religiosas y cuáles sus referentes personales? 19 parlamentarios de diferentes partidos políticos accedieron a someterse al Rayo X Político, la nueva iniciativa de El Vaso, el blog de la Fundación Ciudadano Inteligente.