Por Daniela Tejada.
El 17 de enero del presente año, fue presentado en el senado un proyecto de ley para limitar la reelección consecutiva de alcaldes y concejales a una única vez en la misma comuna. Dicho proyecto se encuentra actualmente durmiendo en su primer trámite constitucional – etapa de discusión– completando casi 6 meses en los que no ha presentado ningún grado de avance.
Pero ¿Por qué es importante que un proyecto de ley como este se apruebe? Revisando las elecciones históricas municipales desde 1992 (que fue la primera elección de este tipo post régimen militar) hasta la del 2008, descubrimos algunos datos interesantes.
¿Sabía usted que en la actualidad existen 26 alcaldes que fueron electos en 1992 y que hasta ahora han permanecido inamovibles en su cargo? De ellos 15 han permanecido por 20 años, como por ejemplo en Macul, Juan Fernández y Quillota; y 11 de éstos por 18 años, puesto que fueron elegidos en 1992 por 2 años, y no por el período completo. Asimismo, hay 23 alcaldes que fueron electos por primera vez en 1996, completando un total de 16 años al mando de la comuna, entre los que encontramos a Independencia, Ñuñoa, Providencia, Vitacura y Pudahuel. Son 42 las comunas con alcaldes que han permanecido durante 3 períodos consecutivos, es decir 12 años, desde el 2000 hasta la actualidad, entre ellos Las Condes, Puente Alto, Valdivia y Puerto Montt. Y por último son 72 los alcaldes que fueron reelectos una vez, y que ahora completan los 8 años al mando, como Maipú, Peñalolén, Viña del Mar y La Serena.
Y la pregunta es ¿Cuántos de ellos irán por la relección?
El debate en torno a este tema siempre ha estado puesto en el cómo vincular los proyectos de desarrollo en el largo plazo versus la importancia de la alternancia en el poder. Por un lado, la posibilidad de reelección genera incentivos para entablar proyectos que puedan tener continuidad más allá de los 4 años que dura el ejercicio de sus funciones, propendiendo así a una visión de progreso y desarrollo en el mediano y largo plazo. Pero por otro lado, es sabido que el anquilosamiento de determinadas figuras a sus cargos, puede generar deficiencias en el funcionamiento de la municipalidad, problemas de transparencia y falta de innovación, que terminan transformándose en escándalos municipales o en limitantes para el desarrollo comunitario.
Pese a ello, el criterio final está en definitivas en manos de los electores, puesto que éstos son los que tienen la capacidad de legitimar una administración y darles nuevamente el voto, u optar por otra alternativa. Algunas personas no transan respecto al voto ideológico, y por tanto, independiente de las variadas alternativas que tenga en su papeleta, el respaldo a su partido es lo primero. Hay otros, que responden a un voto por rendimientos, y que a pesar de que no comparten la tendencia política del candidato, reconocen lo bien que lo ha hecho, y avalan su administración reeligiéndolo o votando por quien sería su “sucesor político”. Pero también hay un grado importante de voto carismático, cuando el candidato o candidata es simpático(a), cercano(a), atractivo(a), o cuando posee cualidades con las que los votantes se sienten identificados.
¿Qué lleva los votantes de determinadas comunas a reelegir por hasta 20 años a sus alcaldes? Es lógico pensar que el voto preponderante en ese caso es el de rendimientos, y que si están ahí es por lo bien que han manejado la administración comunal. Pero también surge la interrogante respecto a si existe un grado de desconocimiento o incluso de acostumbramiento de los electores a la lógica tradicional, y que en lugar de legitimar a su administración en base al conocimiento de su gestión, lo que predomina en realidad es una falta de cuestionamiento y de impugnación de sus autoridades: inercia.
Hay cosas como la creación de nuevas plazas, la pavimentación de las calles, la instalación de nueva iluminaria pública o la limpieza de la comuna – sin desmerecer obviamente la importancia de éstas – que llevan a pensar que la municipalidad está haciendo bien su trabajo. Pero qué pasa por ejemplo con la educación y la salud municipal, la participación ciudadana o la transparencia. ¿Se castiga con el voto a un alcalde que no mejoró los puntajes SIMCE de su comuna? ¿O a aquellos que no cumplen con lo señalado en la ley de transparencia? ¿Se deja de votar por aquél que tiene mal administrados los consultorios, o por el que no ha desarrollado mecanismos inclusivos de participación para la toma de decisiones? Cada cual verá donde le aprieta el zapato, y qué considera más o menos relevante exigir y validar, lo importante es hacerlo.
He ahí el llamado a participar, a informarse y a votar. Queremos comunas con autoridades idóneas, más comprometidas con el desarrollo integral de sus habitantes, más creativas e innovadoras, más capaces de transformar las debilidades en oportunidades, dispuestas a abrir las puertas de su municipalidad a la transparencia, de integrar a la comunidad a la función de la municipalidad y de definir metas concretas, factibles, pero no por eso menos ambiciosas. Tal vez es el momento para que nuevos aires refresquen los pasillos de nuestras municipalidades, o para que más ciudadanos se involucren y trabajen en conjunto con quienes han tenido un buen desempeño y lo sigan haciendo. Lo importante es que tú decidas.
(SI= electo o reelecto)
*La tabla sólo considera a los alcaldes reelectos por períodos consecutivos, y no así a aquellos que puedan haber sido reelectos en períodos intercalados.